miércoles, 23 de abril de 2008

1º de MAYO: Todos a la Plaza a defender nuestras luchas


Desde hace años, las corrientes y militantes de la clase obrera y de la izquierda, del movimiento piquetero, de las fábricas recuperadas, de las organizaciones de derechos humanos y del movimiento estudiantil venimos ocupando la Plaza de Mayo, el 1º de Mayo, para reafirmar la defensa de las luchas, la defensa de las reivindicaciones de los trabajadores y la unidad internacional de los explotados por el capitalismo.
Es lo que vuelve a plantearse el próximo 1º de Mayo, quizá más que nunca, para defender las luchas y a los trabajadores del Subte, de Mafissa, de las líneas de colectivos, de Dana, de Zanón, de Minera Aguilar, del sindicato del Neumático, del Casino, de los Supermercados Coto, de los bancarios que pelean contra los pulpos y contra Zanola, y a las numerosas comisiones internas combativas que defienden la autonomía y la organización en los lugares de trabajo contra las patronales y la burocracia.
Un 1º de Mayo para rechazar el tope salarial a las paritarias y la flexibilidad laboral, y para reclamar que las convenciones colectivas se aprueben por las bases sindicales en asambleas.
Asumimos el lugar que deberían ocupar la CGT y la CTA, si fueran realmente organizaciones independientes de la clase obrera de la ciudad y del campo.
El próximo 1º de Mayo está cruzado por la lucha de los siderúrgicos de Sidor, en Venezuela, que está golpeando al principal pulpo explotador de los obreros de Argentina.
Está cruzado por la rebelión popular en Haití, debida a la misma carestía que está empobreciendo a los oprimidos de nuestro país.
Está cruzado por la lucha de los campesinos y obreros de Bolivia contra la conspiración de la derecha y por la expropiación de los latifundios y grandes capitales sojeros.
En el reconocimiento de la necesidad de unirnos en esta defensa, se manifiesta la conciencia de clase de los luchadores y activistas.
El destino histórico de Argentina no está determinado por los roces entre los distintos bloques capitalistas que, como ocurre siempre, acabarán entendiéndose entre ellos contra las masas.
Ese destino está determinado por el antagonismo irreconciliable de la clase obrera de la ciudad y el campo y las masas urbanas y campesinas pobres, de un lado, con el gran capital financiero, industrial y agrario, del otro.
Por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar.Por el 82 por ciento móvil a todos los jubilados.Reapertura de las paritarias ante el avance de la inflación.Por el no pago de la deuda externa.Por la nacionalización de los pulpos agrarios, sus puertos privatizados, los bancos y el comercio exterior.Por el control obrero y la gestión de la economía por parte de los trabajadores.

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