viernes, 22 de mayo de 2009

Una elección testimonial

El fallo judicial que declara la legalidad de las candidaturas "truchas" podrá servir para que Scioli, Kirchner y los intendentes sigan inscriptos en sus listas. Lo que no va a resolver, de ningún modo, es el fraude político de sus candidaturas y de la elección del 28 de junio en su conjunto.

Detrás de los candidatos testimoniales, ingresarán al Congreso y a los concejos unos perfectos desconocidos para el electorado. Así, las listas "truchas" revelan la debilidad de fondo del campo oficial: más allá del círculo gobernante, al kirchnerismo no le queda nada.

Pero las listas truchas son solamente la punta del ovillo del fraude electoral de junio. En los municipios bonaerenses, los mismos intendentes que encabezan las listas "truchas" están armando un corte de boleta en favor de ellos. En muchos casos, la maniobra está orquestada con el "pro" peronismo de De Narváez. Esto significa que "neoliberales", de un lado, y "nacionales y populares", del otro, se nutren de una base común de punteros y, por lo tanto, de lobbys capitalistas.

Las colectoras municipales son numerosas, también, en el "acuerdo cívico" de Carrió y Cobos.
Con todos estos antecedentes, ¿qué va a detener al gobierno y a los intendentes de repetir, aún a mayor escala, el robo de boletas y el falseamiento de las actas de escrutinio? Sería una mancha más al tigre.

De todos modos, los candidatos truchos solamente entrarán en funciones en marzo de 2010, después que juren para las galerías en diciembre próximo (ya fuera de las sesiones ordinarias). Durante casi un año seguirá legislando el Congreso actual, o sea una representación ficticia. El gobierno podrá valerse, durante un largo período, de un vacío político para desarrollar lo que ya ha puesto en marcha: el vaciamiento de la Anses, el rescate a los monopolios capitalistas, el congelamiento de las paritarias, la devaluación del peso y el acuerdo con el FMI.

Estafa política
La mayor estafa de las elecciones de junio tiene que ver con su contenido político. Los Kirchner, por ejemplo, reclaman el voto en nombre del "modelo de la producción y del trabajo", mientras crecen con toda la furia las suspensiones y los despidos. Es el "modelo" que ha sido definitivamente quebrado por la bancarrota capitalista mundial. El superávit fiscal ya voló por los aires, en medio de la caída de la recaudación y del pago de los intereses de la deuda pública. Pero desde que comenzó el año, casi el 40% de esos intereses se han pagado con la plata de la Anses. La Anses tiene en su cartera el 20% de la deuda pública, o sea la mitad de sus ‘inversiones'. El "modelo" se ha patinado los recursos jubilatorios, no para "defender el trabajo" sino para pagar la deuda pública -o sea, rescatar a los especuladores -, y en subsidiar a bancos, automotrices y a toda la patronal que despide y cesantea. Mientras tanto, los "beneficiarios" de esta malversación han ejecutado "una fuga de capitales que ya supera a la de la crisis de 2001" (Cronista, 20/5).

Para después de junio, cuando las posibilidades del tesoro y de la Anses estén definitivamente quebradas, el gobierno se dispone a arreglar con el FMI y con el Club de París; o sea, a llevar adelante lo que le reclaman Prat Gay, Carrió o Cobos. Mientras Kirchner recorre el conurbano exaltando al "modelo productivo", sus emisarios negocian en Europa y Estados Unidos los términos de un pacto con el capital financiero, o sea una devaluación, tarifazos, impuestazos y congelamiento de de salarios para después del 28. Los economistas oficialistas y los opositores admiten que, en medio de una bancarrota mundial, una devaluación no contribuirá en nada al aumento de las exportaciones. Pero sí sería efectiva para "licuar el gasto"; para pulverizar los salarios estatales, las jubilaciones y los propios fondos de la Anses, que han sido prestados en pesos a los capitalistas y al propio Estado. En la fila de los devaluadores se ha anotado Claudio Lozano, el economista de Solanas. Por eso, los centroizquierdistas también coinciden con Prat Gay a la hora de recetar "políticas sociales" ante la crisis: proponen el "ingreso universal por hijo", pero no tienen una política ni un programa frente al despido de sus padres, o ante la licuación de sus devaluados salarios.

Una campaña nada testimonial
En medio de este despliegue fraudulento, la campaña electoral del Partido Obrero está pegada al curso real de las luchas y convulsiones sociales que acompañan al desarrollo de la crisis capitalista. En primer lugar, porque oponemos a ella un programa de salida en función del interés popular. Esta campaña se está llevando adelante en contacto directo con la clase obrera que lucha contra la crisis, en Massuh, en Pinkilton o en Mahle, en Cotar (en el cordón industrial santafecino), en Atucha (Zárate), en Cive y en las automotrices de Córdoba, en el Indec, en el Teatro Colón y en los barrios afectados por la miseria social, la penuria de vivienda y sus consecuencias sanitarias.

En estos cuarenta días, en oposición a estas listas truchas, desarrollaremos una campaña que preparará el terreno para que los trabajadores hagan valer, por medio de la organización y la lucha, "que la crisis la paguen los capitalistas y sus políticos".

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